¿Y este quién es?

Muchos se preguntan quién es el cotur este. Qué quiere. Qué objetivos tiene. Voy a intentar un retrato.
Por supuesto, están lo que lo que adoran fanáticamente y dicen que es la posta, sobre todo en el mundo árabe es muy popular, venden remeras con su cara, etc. No sé cómo se dirá "Bin Laden es la posta loco" en árabe, pero te lo dicen. Y juntan el dedo índice con el pulgar haciendo un círculo mientras repiten: "posta macho".
Por supuesto, la otra explicación, la de Occidente es que es El Mal, que sólo quiere destruir y crear caos y que es malo, basura, caca. Tira aviones contra edificios para reírse y que lo proclamen Supervillano del Siglo.
Por supuesto, están lo que lo que adoran fanáticamente y dicen que es la posta, sobre todo en el mundo árabe es muy popular, venden remeras con su cara, etc. No sé cómo se dirá "Bin Laden es la posta loco" en árabe, pero te lo dicen. Y juntan el dedo índice con el pulgar haciendo un círculo mientras repiten: "posta macho".
Por supuesto, la otra explicación, la de Occidente es que es El Mal, que sólo quiere destruir y crear caos y que es malo, basura, caca. Tira aviones contra edificios para reírse y que lo proclamen Supervillano del Siglo.
Alguno me dirá que efectivamente es un hijo de puta que mata a gente inocente. Estoy de acuerdo, y agrego que no es el único. Lo que me parece interesante es saber por qué lo hace.
Primero me parece que hay que entender a quién representa. La gente nunca tiene poder por sí sola, necesita representar a un sistema de intereses. Por sí mismo nadie es más que lo que somos todos: seres humanos.
Así que para conocer al tipo, veamos en qué escenario se mueve:
A veces uno cree que el imperialismo y la burguesía forman un bloque unido, coherente e indisoluble. Me parece que si fuera así, tendrían menos problemas. Pero los tienen.
El capitalismo en realidad no es un sistema. Son dos. Hay un capitalismo periférico y un capitalismo central. Las grandes burguesías de los países periféricos son socias menores de las grandes burguesías de los países centrales, algo así como agentes menores de los intereses del gran capital transnacional, que ocupan nichos complementarios en la economía del país del que se trate, economía que se dedica básicamente a exportar materias primas y commodities e importar manufactura. Como la nuestra, ¿vio señora?
Así, la burguesía argentina jamás se propondrá como proyecto competir seriamente con la yanqui o la europea. No es negocio, macho. Es mejor seguir en el papel de segundona del imperio, que es muy rentable. Es por eso que jamás tendremos ese ilusorio "capitalismo nacional" con el que tanto nos hacen soñar.
¿Pero qué tiene esto que ver con Bin Laden, nabo? ¡Ibas a hablar de Bin Laden!
Ya va. Esperesé.
Sigo: ahora bien, que la burguesía nacional y la internacional sean asociadas no quiere decir que esta asociación sea perfecta, aceitada, armónica y fantástica. Tienen problemas. No olvidar que no los une otra cosa que el dinero y el enemigo común: la gente a la que explotan, los pueblos.
Cada tanto, la burguesía de un país periférico ve la oportunidad de sacar una tajada más grande de la que saca normalmente. Es entonces cuando empieza con el versito "nacionalista": se acuerda de que existe una patria y empieza a compadrear frente al patrón. Incluso a veces se pone jodida y amaga con aliarse a los sectores más populares. Cada tanto pasa eso en América Latina, en Argentina tuvimos varios episodios de esos: un intento desesperado de nuestra inepta clase dominante para agitar el fantasma nacionalista fue la guerra de Malvinas.
Si esto puede pasar en el culo del mundo... ¿qué puede pasar en Medio Oriente?
Allí, con sus diferencias culturales, el panorama no es demasiado distinto. Los países árabes exportan petróleo. Un commodity con bajísimo valor agregado.
Pero... ¡qué commodity!
El petróleo es la sangre del sistema. Los bifes argentinos eventualmente se pueden reemplazar por un pollito, si falta cacao será cuestión de decirle al nene que no joda y tome la leche sola. Pero sin petróleo la máquina corre riesgo de pararse. Reconvertirse a energías como la solar o eólica es posible, pero requiere mucho tiempo y financiación, además de un plan riguroso.
Poderosos intereses de intermediación se mueven con el petróleo: gigantes capitalistas se dedican a su explotación, refinamiento, distribución, etc. Y esto genera un círculo vicioso: estos poderosos intereses hacen todo lo posible para que NO se invierta en energías alternativas. Con lo cual nuestra dependencia del petróleo es cada día más fuerte. Esta dependencia genera ganancias que incentivan aún más a hacernos depender. Y así.
Ahora bien, la boca del chorro se encuentra en los países árabes. Y el mayor proveedor, lejos, es Arabia Saudita. Pero lejos ¿eh?
Oh casualidad, Binito es de ahí.
Arabia Saudita está gobernada por una monarquía corrupta, bestial y aburrida. Su nivel de lujo es casi tan enorme como su mal gusto. La democracia allí es algo así como un sueño ridículo (pero a Bush esto le importa poco, claro). Para todos los pueblos explotados su riqueza es su maldición, para los árabes muy especialmente. El imperialismo está muy interesado en que los países árabes no desarrollen nada que se parezca a una industria, de ahí que parezcan estancados en el tiempo. No es que sean tarados, es que su papel en el mundo es exportar petróleo y punto. Sus brutales monarquías son bien pagadas por Occidente para que mantengan a sus países sin nada que se parezca a una economía moderna. Sin economía moderna no hay vida moderna, y sin vida moderna no hay cultura moderna.
Ahora bien. La gran burguesía de los países árabes no es homogénea. El botín es mucha guita, muchísima. Pero hay una parte de esa burguesía que cree que ha llegado la hora de sacar una tajada más grande. Que a Occidente hay que hacerle pagar más. Por supuesto, hay otra fracción (la que está por ahora en el poder) que quiere dejar todo como está, que no hagan olas, forros, que así sacamos un toco de guita, etc. (tampoco sé cómo se dice "forro" en árabe, pero dicen así, créanme).
Esa ambiciosa fracción ve que - como consecuencia del modelo que la ha enriquecido - hay masas árabes de millones de personas que claman justicia. Que odian. Que no aguantan más.
Y están dispuestas a utilizarlas para llevar adelante su proyecto.
Bin Laden es el representante más lúcido y audaz de este proyecto, que de por sí ya es audaz. Oigámoslo cuando dice qué quiere: "Que caiga la monarquia saudí y los americanos dejen los lugares santos del Islam (La Meca, etc.)". Los lugares santos del Islam le importan a Bin Ladencito tanto como Santos Lugares, digamos. Como todo verso religioso, oculta intereses bien materiales atrás. Lo que el hombre quiere es quizás no tanto tomar él mismo el poder (no tienen esa capacidad por el momento) sino desestabilizar las relaciones de la monarquía saudí con el patrón (¿ven? no nos pueden controlar, negocien directamente conmigo) y hacer subir el precio del petróleo todo lo que puedan (hace unos meses el mismo Biny declaró, en un arranque bastante menos místico: "El barril de petróleo debe llegar a 100 dólares").
Por mucha simpatía que despierte en ciertos izquierdistas, este tipo no es un revolucionario. Ni nada que se le parezca. Es un gran capitalista, y como todo gran capitalista, no vacila en reventar a quien sea para lograr lo que quiere.
Para luchar contra Occidente recurre a los métodos que una mafia emplea contra otra (y la mafia no es más que una burguesía lumpen). Su acción preferida es el terrorismo de grupúsculos ¿Por qué? Porque Bin Laden no se propone detruir al sistema, sino dominarlo. Tratar de destruir al sistema seria movilizar a las enormes masas árabes detrás de un proyecto revolucionario, y llamar a los trabajadores de Occidente a hacer lo mismo. Eso sería mucho más efectivo que poner bombas en trenes.
Pero jamás hará nada parecido. Bin Laden tiene terror de las masas. No las quiere en acción, por eso las acciones que promueve son de grupitos. Al resto lo quiere rezando y en casa. Por eso emplea siempre el método del atentado puntual ejecutado por pocas personas: mantiene a las masas árabes de su lado desmovilizadas, quietas; y aterrorizadas a las masas de Occidente, a las que empuja de hecho a refugiarse en su propia burguesía (casualmente - o no - el atentado en Madrid el 11-M fue en un barrio obrero).
En el fondo, aún profundamente enfrentados, ellos están de acuerdo en quién es su más peligroso enemigo.
¿Esto quiere decir que no hay nada que hacer? Al contrario: Bin Laden expresa una fractura en lo que hoy es el eslabón más débil del capitalismo en su cadena de suministro. Los muchos que siguen a Bin Laden o tienen esperanzas en él son aliados de los humildes de Occidente. Y que los dueños de la manija se peleen es una mala noticia si nos quedamos quietos, pero si hubiera una direccion política la fractura podría aprovecharse.
Digo, se me ocurre.
Así que ojo con Binito. Y con Bush. Y con todos los dueños de la manija. Aprovechemos si se cagan a golpes, y no les creamos. Jamás.